Trabajo remoto desde 2019… y sí, a veces extraño la oficina convencional

Última revisión: 9 febrero 2026 | Tiempo de lectura: 4 minutos

Categorías: Trabajo remoto, Estilo de vida

En 2019 todo lo que ya no servía fue a la basura, incluido mis ganas de ejercer como abogada y de trabajar en una oficina convencional. Hoy con una oficina en casa, puedo vivir en mi lugar soñado.

Pero no todo es siempre perfecto, hay días en los que simplemente me aburro, aunque estoy lejos de considerarlo un problema, hoy lo veo como una oportunidad de explorar nuevos límites.

¿Qué encontrarás aquí hoy?

  • Las ventajas y desventajas de trabajar remoto
  • Rutinas alineadas como un estilo de vida que podemos elegir

Llevo varios años trabajando desde casa y, siendo sincera, la rutina terminó pareciéndose mucho a esa película donde la protagonista repite el mismo día una y otra vez.

Despierto temprano, café recién hecho y ropa cómoda para ir al gimnasio cuando la ciudad todavía está a oscuras. Empiezo la jornada apenas pasada la bruma de la mañana, y para cuando marcan las 16, ya he enviado los últimos correos. El resto del día lo dedico a escribir, estudiar, leer y compartir tiempo —del bueno— con quienes más quiero.

Si suena demasiado perfecto, déjame aclarar algo: claro que a veces me aburro. No, no es una tragedia ni mucho menos, pero sería mentira decir que siempre estoy motivada o que todos mis días son ideales.

También hay tardes larguísimas, silencios que se sienten eternos y una sensación de encierro que solo entienden quienes llevan años gestionando su propio trabajo en pijama.

Por qué volver a la oficina convencional no es una opción hoy

Echar de menos las charlas en la máquina de café, la curiosidad de qué habrá preparado alguien para comer, las bromas espontáneas o hasta los atascos matutinos suena raro… hasta que los extrañas.

La oficina tenía códigos propios y a veces lo vuelvo a desear; era más fácil sentir que el tiempo pasaba a otra velocidad o que pertenecías a algún lugar.

Pero cada vez que pienso en las ventajas concretas de este estilo de vida, me acuerdo de por qué elegí (y sigo eligiendo) esta forma de trabajar.

Porque la clave del trabajo remoto no está en la promesa de libertad absoluta —que a veces es más ficción que realidad— sino en la posibilidad de crear un estilo de vida que yo elijo.

El permiso de organizar mi tiempo, de decidir cuándo y desde dónde, de priorizar mi bienestar y de ajustar mi agenda cuando la vida lo exige, sin consultar a nadie más que a mí misma.

Lo que no quita que a veces debamos hacer concesiones si trabajamos en equipo, ya que, como todo en la vida, negociar con una misma y tus compañeros de trabajo es cosa de todos los días.

Rutina intencional y pequeñas dosis de caos

Con el tiempo, he aprendido que la rutina puede ser aliada o cárcel. Lo que al principio fue caos y horarios desordenados, hoy es estructura y disciplina: desayuno, actividad física, bloques de concentración y pausas que parecen un lujo. ¿La trampa?.

La disciplina personal. Porque sin jefes y sin oficinas a las que volver, la línea entre hora de trabajo y vida personal se diluye fácil —y el aburrimiento aparece justo ahí, cuando el sentido de propósito tambalea.

Pero también aprendí a meterle dosis de caos a mi agenda: trabajar desde otros rincones, reservar vuelos en plena temporada baja, tomar cafés en ciudades nuevas, hacer videollamadas con amigos que teletrabajan en husos horarios opuestos.

Porque la mayor verdad del trabajo remoto sigue siendo esta: la enorme ventaja de poder viajar cuando quiero y donde quiero, sin pedir permiso, sin papeleos ni autorizaciones.

Pero sí, a veces extraño la oficina convencional

Y así, entre la nostalgia y la libertad, construí mi versión favorita del equilibrio. Si algún día me ves suspirando por lo que tengo, no te confundas: no cambiaría mi vida actual por nada.

Puede interesarte: